Se llevan cocinas más cálidas que hace unos años: frentes lisos en mate, madera de roble o nogal combinada con un color, y tonos como el verde oliva, el arena o el gris tostado en lugar del blanco puro. Siguen mandando los electrodomésticos integrados y los muebles hasta el techo, y casi todas se abren al salón con una isla o una península.












